No pensaba postear nada hoy. Pero regresé de la biblio, con varios libros en una bolsita, recomendados por el Nacho, mi compañero de aventuras en esto de la Literatura para la Infancia y la Adolescencia. Uno de esos libros es El mar y la serpiente de Paula Bombara. Recién termino de leerlo. Todavía me dura la emoción, tanta, que quise compartirla y mis hijos ya están durmiendo.
Es una novela para adolescentes, y por qué no, para adultos, que cuenta la historia de una niña y su relación con la Dictadura, la memoria, el olvido.
Bella obra, especial para los que todavía creen que esta rama literaria no puede tratarse de algo serio...
"Se fue el sol del patio.Mamá tiene los ojos verdes y rojos , parece una monstrua. Llora para adentro.El abuelo se fue en el auto.La abuela me dio la muñeca que no se toca…”
Es una novela para adolescentes, y por qué no, para adultos, que cuenta la historia de una niña y su relación con la Dictadura, la memoria, el olvido.
Bella obra, especial para los que todavía creen que esta rama literaria no puede tratarse de algo serio...

"Se fue el sol del patio.Mamá tiene los ojos verdes y rojos , parece una monstrua. Llora para adentro.El abuelo se fue en el auto.La abuela me dio la muñeca que no se toca…”
(…)”En la primaria nunca me pidieron que escriba de esto. Escribir de desaparecidos…”
“Composición: Los desaparecidos
Son 30000.
30000 personas con 30000 historias que no pueden contarnos.
Tal vez una de ellas sería hoy mi profesora de geografía o de música.O el chofer del colectivo que tomo a la mañana. O quizás el señor de bigotes y ojeras que me cruzo en el subte cuando vuelvo a mi casa. Tal vez.
De esas 30000 personas extraño con todo mi corazón a una. Extraño a mi papá.
Sí. A mi papá lo hicieron desaparecer de una esquina. Se fue de mi vida como una hoja de árbol empujada por el agua de las alcantarillas.
Crecí pensando que me había dejado porque no era importante, porque no valía lo suficiente.Pero me equivoqué.Ahora creo que lo entiendo.
Después también nos llevaron a mi mamá y a mí. Pero esa fue una tormenta que duró menos.
Mi mamá siempre me dice que todo lo que hicieron los 30000 que desaparecieron y los otros miles que aún están (golpeados y miedosos, pero que están), todo fue para que nosotros viviéramos en un mundo mejor en donde la palabra valga, las ideas valgan.
Hoy nos faltan 30000 personas con nombre y apellido.
30000 es un montón de gente.
Ya no nos tropezaremos con ninguna de ellas en la calle.(…)
Un agujero de 30000 personas que podrían haber hecho tantas cosas…
No están ni para preguntarles la hora.
Pero bueno, no podemos cambiar el mundo, lo que sí podemos hacer es recordar que nos faltan injustamente.
Yo jamás podré olvidarlos. Lo tengo a mi papá, que me recuerda siempre a los otros 29 999.”
Paula Bombara